Turner, un estratega

Vivimos y vemos. Concretamos. Una mancha verde con una recta marrón nos indica que nos presentamos ante un ser vivo, planta o árbol.

Vivimos y soñamos. Creamos. Una nube en forma de flecha nos puede evocar un dragón, aquel trozo áspero de piel, que al combinarse con pluma generó una masa uniforme de fuego y aire.

En un punto entre la vista y el sueño se encuadró Turner. Contra el academicismo que pugnaba en el siglo XVIII y la perfección de las formas que se creaban a través de minuciosos detalles, él dio pie a través de una veladura (una máscara blanca que empañaba las escenas cotidianas) a su sello propio que más tarde denominaron Romanticismo, ese instante entre el suelo y el cielo.

Las obras que recoge la exposición de El Prado, aparte de darnos una lección histórica de sus contemporáneos, nos ayuda a distinguir la huella “Turner”: cómo plasmar una atmósfera, una corriente de aire, cómo crear la profundidad sin poder distinguir el mar de la nube,… ese sentimiento de “flotar” constante, conjugado a veces con movimientos vertiginosos que, gracias a las composiciones cónicas te captan inevitablemente.

Turner, como buen estratega, consiguió diferenciarse del resto. He aquí la importancia de conseguir comprender qué valor añadido podemos ofrecer ante el público y convertirlo en algo personal, en el alma de la empresa. Una vez que tenemos claro qué concepto transmitir, la fuerza está en cómo generar esas veladuras que atrapen al espectador y que tan bien supo explotar Turner.

¿y usted, está enamorando a su público objetivo o lo está bombardeando?

Por si quiere reflexionar, la exposición estará hasta el 19 de septiembre.

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